Aprendió inglés gracias a los videojuegos y terminó convirtiendo ese interés en una forma de vida y en su profesión. Se trata de Manuel Ignacio Linares Gajardo, quien compartió en la columna Chicos que Crecen, de ((La 97)) Radio Fueguina, su historia, desde sus primeros años en Río Grande hasta convertirse en profesor de inglés, con una mirada que busca enseñar el idioma desde su propia identidad fueguina.
Manuel nació en Bahía Blanca, donde cursó el jardín de infantes y los primeros años de la primaria. Sin embargo, en 2001, por motivos laborales de su madre, la familia debió elegir entre trasladarse a Tierra del Fuego o a Jujuy. Finalmente, recordó, «decidimos venirnos a Río Grande».
Así comenzó una nueva etapa de su vida. Su recorrido escolar pasó por las escuelas N° 8 y N° 14, hasta que finalmente completó la primaria en la Escuela N° 27. Luego continuó sus estudios secundarios en el Centro Polivalente de Arte «Diana Cotorruelo».
Al terminar la secundaria, tenía varios intereses académicos. «Tenía muchas carreras en mente, pero principalmente quería estudiar Paleontología en la UBA», contó. Sin embargo, no pudo ingresar por las dificultades que tuvo con Química. A partir de allí, comenzó Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, que por entonces continuaba bajo la modalidad de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. La experiencia no terminó de convencerlo: «Se cursaba a distancia o semipresencial. No me gustó la dinámica y después cursé el Profesorado de Inglés».
La elección tampoco fue casual. Para ese momento, Manuel ya trabajaba como docente y tenía experiencia dando clases del idioma. Fue entonces cuando descubrió «una facilidad de enseñar la lengua» y decidió profundizar ese camino.
La educación, de alguna manera, siempre había formado parte de su vida. Al recordar cómo nació su interés por la enseñanza, explicó que fue algo que tuvo presente desde muy pequeño: «Mi madre es Trabajadora Social jubilada. Siempre me crié en las escuelas y jardines, por lo que la educación, la enseñanza y aprender, ya lo tenía incorporado desde muy chiquito».
Incluso antes de pensar en dedicarse profesionalmente a la docencia, encontraba satisfacción en compartir lo que sabía. «Daba clases a familiares y amigos. Me gustaba enseñarles y hacerles comprender» aquellos contenidos que les resultaban difíciles. «Siempre les ayudaba», recordó.
Pero si hubo algo que despertó su interés por el inglés, no fueron los institutos ni las clases particulares. Su primer acercamiento al idioma llegó a través de los videojuegos. «Muchos piensan que a uno le tiene que gustar el inglés porque se le hace más fácil por haber ido a institutos o porque tienen a alguien que siempre les habla en inglés», señaló. En su caso, fue diferente: «Los videojuegos que jugaba de chiquito. En ese momento no estaban traducidos. Mi interés vino por ese lado».
La necesidad de comprender lo que sucedía en las pantallas terminó convirtiéndose en una motivación para aprender. «Me vi obligado a aprender el idioma. Me di cuenta que tenía una facilidad», contó. Aquella curiosidad de la infancia, que comenzó frente a un videojuego, terminó abriéndole una puerta hacia su futuro profesional.
En 2013 ingresó al Profesorado de Inglés del IPES «Paulo Freire», donde completó su formación y se recibió en enero de 2019. Durante esos años también pudo sumar experiencias que ampliaron su mirada sobre la enseñanza. Participó en dos oportunidades de la conferencia de la Federación Argentina de Asociaciones de Profesores de Inglés (FAAPI), un encuentro anual que reúne a docentes de distintos puntos del país.
En ese marco, viajó a Posadas y Río Gallegos para presentar trabajos sobre cómo se aprende y se enseña inglés en las aulas de Tierra del Fuego. Una experiencia que le permitió compartir la realidad educativa de la provincia y, al mismo tiempo, reafirmar una idea que hoy atraviesa su manera de ejercer la docencia: enseñar inglés no es solamente transmitir una lengua, sino hacerlo desde el lugar en el que uno vive, desde su propia cultura y su identidad.
Por eso, cuando se le preguntó cuál considera que es su lugar en el mundo, Manuel no dudó en responder: «Es Tierra del Fuego». Y explicó que incluso cuando se va de vacaciones, después de algunas semanas comienza a extrañar la provincia. «Siempre me pasa que luego de 3 semanas quiero volver», expresó, entre risas, al reconocer que también extraña su clima.
Hacia el final de la charla, dejó un mensaje para los estudiantes que egresan en la promoción 2026 y que tienen interés en aprender otro idioma. Consideró que, en el mundo actual, el inglés sigue siendo una herramienta fundamental porque permite acceder a nuevas oportunidades académicas y laborales. En ese sentido, recordó a varios de sus alumnos que lograron ingresar a universidades, conseguir becas en otros países o acceder a nuevos trabajos después de formarse en el idioma.
También mencionó la importancia creciente del chino, especialmente por los avances tecnológicos que se desarrollan en ese país, aunque remarcó que el inglés continúa siendo central para la comunicación científica y la divulgación del conocimiento.
Su historia comenzó con una mudanza familiar, siguió entre las aulas de las escuelas de Río Grande y encontró un primer impulso en los videojuegos que jugaba durante su infancia. Con el tiempo, esa curiosidad se transformó en una vocación y en una profesión que hoy ejerce con una convicción particular: enseñar inglés desde Tierra del Fuego, desde la experiencia de alguien que creció, se formó y eligió construir su vida en esta provincia.
Porque, para Manuel Ignacio Linares Gajardo, el inglés le abrió muchas puertas, pero fue Río Grande el lugar que eligió para quedarse.
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