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15/10 2026

La crisis económica también impacta en los comedores de Río Grande, que deben reducir la frecuencia de sus actividades ante la falta de recursos para responder a la demanda de los vecinos. En algunos casos, la escasez de donaciones y la disminución de la asistencia estatal dificultan la posibilidad de garantizar un plato de comida a quienes lo necesitan.

La situación fue expuesta en ((La 97)) Radio Fueguina por Alejandra Soto, referente del Comedor «Las Familias», quien lleva 10 años al frente de esta tarea. Según relató, al comienzo «cocinaba 3 veces por semana, luego sólo los martes y jueves», mientras que actualmente prepara alimentos una vez por semana porque «no ingresan donaciones» de los vecinos. Si bien recibe asistencia del «Municipio y el Gobierno», señaló que la ayuda estatal «bajó, a raíz de que no hay plata».

Actualmente, el comedor asiste a «40 familias, sumadas aquellas personas que se acercan de manera espontánea» para solicitar comida. Para cubrir esa demanda, Soto prepara alimentos «con una olla grande, para 200 personas», aunque reconoció que «a veces falta comida».

La cantidad de personas que recurren al lugar cambia con el tiempo, en función de las distintas situaciones económicas y laborales. Al respecto, la referente explicó que «hay gente que se fue de la provincia, y otros que consiguieron trabajo. El puesto de ellos queda vacantes para otras personas». De esta manera, aseguró que encuentra «caras nuevas todos los días», entre ellas personas que «piden comida para sus hijos, o están en situación de calle», además de vecinos que «perdieron su trabajo».

La dificultad para sostener las donaciones también está vinculada con la desconfianza que puede generarse cuando la ayuda no llega a quienes la necesitan. Sobre este punto, Soto reconoció que «está la gente buena y los aprovechadores», una situación que llevó a que «la gente se canse» de colaborar «porque las cosas no van donde corresponde».

Sin embargo, la referente aclaró que «no podría juzgar» si está bien o mal lo que hacen otras personas con los productos recibidos, ya que desconoce «la situación en la que está la otra persona». En ese sentido, planteó como ejemplo que «una persona puede estar vendiendo un litro de aceite, porque necesita comprar algún medicamento o algún producto con ese dinero».

La misma situación, indicó, se presenta con las donaciones de ropa. Soto contó que, en algunas ocasiones, el Comedor «Las Familias» recibe prendas con la indicación de que «llegue a buenas manos». No obstante, sostuvo que no puede cuestionar qué sucede luego con esos elementos «porque a veces las llevan a las ferias y con ese dinero compran mercadería o lo que necesiten».

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