La vida de película de un médico que dejó huella en Ushuaia.
El miércoles 16 de septiembre murió a los 102 años, Oriol Domènec i Llavallol, un médico que escapó de España con documentación falsa, llegó a la Argentina ayudado por el presidente Perón y terminó ejerciendo su profesión en toda la Patagonia, Tierra del Fuego y la Antártida. Los antiguos pobladores lo recuerdan con cariño y respeto.
Hay vidas que parecen escritas para el cine. La de Oriol Domènec i Llavallol, médico, cirujano, montañista, expedicionario antártico y perseguido por el franquismo, fue una de ellas.
Domènec murió el miércoles 16 de septiembre en Barcelona, a los 102 años, luego de una vida intensa y atravesada por cárceles, exilio, montañas, quirófanos, hielos antárticos y la Patagonia.
Y en ese recorrido extraordinario hay un capítulo particularmente ligado a Tierra del Fuego.
DE LAS CÁRCELES A LA ANTÁRTIDA
Nacido en Barcelona en 1923, Domènec se involucró durante su juventud en actividades de oposición al franquismo. Participó, entre otras acciones, de la colocación clandestina de banderas catalanas en distintos puntos de la ciudad.
Fue detenido, pasó por numerosas cárceles y llegó a estar preso en Montjuïc. Ni siquiera detrás de las rejas abandonó sus estudios de Medicina: según relató años después, era trasladado esposado para rendir sus exámenes universitarios.
Después de recuperar la libertad, decidió abandonar España. Para hacerlo consiguió documentación falsa correspondiente a un primo que había muerto en un accidente de montaña y emprendió el camino hacia la Argentina.
En Buenos Aires comenzó a trabajar como ayudante de cirujano. Poco después encontró un aviso que cambiaría nuevamente el rumbo de su vida: buscaban médicos para la Antártida. Se presentó y fue aceptado.
En 1952 pasó nueve meses como médico en el destacamento argentino de la isla Media Luna. Allí ocurrió el episodio que terminaría dándole notoriedad mucho más allá del continente blanco. Desde una base chilena llegó un pedido urgente de auxilio. Un enfermero había sufrido una grave lesión en una pierna, que se había gangrenado, y su vida corría peligro. Domènec emprendió entonces una travesía de unos 70 kilómetros sobre el mar congelado para llegar hasta la base Capitán Arturo Prat. Fueron tres días de un viaje de altísimo riesgo. Cuando finalmente tuvo al paciente delante, no tuvo alternativa: le amputó la pierna. Eso le salvó la vida.
La historia circuló por distintos medios y, según el propio Domènec, llegó hasta oídos del presidente argentino de la época. Años después contó que Juan Domingo Perón le ofreció la posibilidad de ejercer en establecimientos oficiales de la Patagonia y Tierra del Fuego.
Así comenzó una estrecha relación con la Patagonia que finalizó en 1970, cuando regresó definitivamente a Barcelona.
Para el centenario otorrinolaringólogo, Ushuaia no fue solamente uno de los lugares donde trabajó. También se convirtió en parte de su vida y dejó recuerdos entre quienes lo conocieron durante aquellos años.
Uno de ellos es el antiguo poblador Enrique Chasco, quien conserva un recuerdo personal de aquel médico español. Domènec fue quien lo operó de las amígdalas en 1954 y, muchos años después, ambos volvieron a encontrarse.
“Mi esposa Lilian y yo lo vimos un día entrar al Almacén, impecablemente vestido de traje, junto a un hijo, y nos contó que el motivo de su visita era visitar la tumba de una hija que descansa en el Cementerio Antiguos Pobladores”, recordó Chasco.
EN EL QUIRÓFANO Y EL AIRE
Domènec ejerció la medicina en Ushuaia y Río Grande, y también en las localidades santacruceñas de Río Gallegos y Comandante Luis Piedra Buena; y distintas localidades del sur de Chile. En aquellos años, practicar la medicina en el extremo sur implicaba hacerlo con recursos, comunicaciones y posibilidades muy diferentes de las actuales.
En Ushuaia además, junto a su esposa, Mercedes Elizalde Bertrand, aprendió a pilotar avionetas. Mercedes, además, se convertiría en la primera mujer piloto egresada del Aeroclub Ushuaia, según los antecedentes difundidos sobre la pareja. La historia de amor entre ambos merece, por sí sola, otro capítulo.
UNA FUGA POR AMOR
Domènec y Mercedes se habían conocido en Barcelona, pero pertenecían a mundos que parecían condenados a no encontrarse. La familia de ella, vinculada a una posición acomodada y cercana al régimen franquista, se oponía a la relación.
Recién años después volvieron a encontrarse en Europa y decidieron escapar juntos.
La pareja atravesó el río Miño a nado para llegar a Portugal y se casó en Lisboa, en octubre de 1956. Pero la aventura no terminó allí.
Mercedes tenía entonces 23 años y, bajo las normas vigentes en España, todavía no había alcanzado la mayoría de edad. Fue localizada, devuelta a Barcelona e internada en un convento. Cuando finalmente cumplió los 25 años, volvió a escapar y se reunió con Domènec en la Patagonia, en donde construyeron su vida.
GENIO Y FIGURA
Cuando ya había cumplido 70 años Domènec viajó a Bosnia, en plena guerra, para colaborar como médico con los heridos del conflicto. Y siguió ejerciendo durante décadas: realizó su última operación cuando tenía 90 años y un mes.
Oriol Domènec murió a pocas semanas de cumplir 103 años en Barcelona, rodeado en su departamento de fotografías de los destinos en los que ejerció su profesión. Una de ellas, la imagen de las montañas nevadas de Ushuaia, simbolizó para el médico catalán el lugar en donde atendió a sus habitantes, aprendió a volar y construyó junto a Mercedes una parte fundamental de su historia familiar.
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