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15/08 2026

Una empresa participa de una feria y necesita hacerse visible entre decenas de stands. Otra quiere recibir de una manera diferente a quien se incorpora al equipo. También están las que buscan acompañar una reunión comercial o reconocer a clientes y colaboradores al terminar el año. Son situaciones distintas, pero todas explican por qué los productos promocionales siguen teniendo espacio dentro de las estrategias de comunicación empresarial.

En un contexto dominado por campañas digitales, estos objetos conservan una característica particular: permanecen físicamente con la persona después del contacto con la marca. Esa cualidad ayuda a entender por qué el sector mantiene un mercado relevante a escala internacional y, al mismo tiempo, por qué las empresas son cada vez más cuidadosas al elegir qué entregar, cuándo hacerlo y a quién.

Artículos publicitarios: un mercado que cambia la cantidad por la utilidad

Los productos promocionales constituyen una industria consolidada en Europa. La European Promotional Products Association (EPPA) funciona como organización que reúne y representa al sector en el continente, mientras que las estimaciones más recientes de ASI Research ubicaron las ventas europeas de distribuidores en US$14.830 millones durante 2025.

El relevamiento detectó presupuestos más controlados, decisiones tomadas más cerca de la fecha de cada acción y pedidos ajustados con mayor precisión a la cantidad realmente necesaria.

Las empresas buscan reducir sobrantes y prestar mayor atención a la utilidad, la calidad, la duración y el contexto en el que se entrega cada producto. En determinados mercados europeos también se observa interés por cantidades más pequeñas de artículos de mayor calidad.

Ese cambio permite entender mejor el papel que pueden cumplir los artículos publicitarios: ya no como una compra aislada que se hace porque hay un evento o una fecha especial, sino como una herramienta que tiene que responder a un objetivo concreto.

Ferias y encuentros empresariales: destacar sin repartir por repartir

La recuperación de los eventos presenciales volvió a poner a ferias y exposiciones entre los momentos más evidentes para utilizar productos promocionales.

La Asociación Mundial de la Industria de Exposiciones (UFI) estimó que durante 2024 se realizaron unas 32.000 exposiciones en todo el mundo, una cantidad similar a la registrada antes de la pandemia.

Río Grande también tiene ejemplos concretos de espacios donde empresas, PyMEs, emprendimientos e instituciones se encuentran cara a cara.

La Expo PyME Fueguina realizada en la ciudad reunió a distintos actores del entramado productivo con el propósito de generar intercambio y vinculación. En 2025, la primera Expo Emprender desde el Sur reunió además a más de 70 emprendedores y 45 stands, junto con rondas de negocios y actividades orientadas al sector productivo.

Para una empresa que participa de este tipo de encuentros, el desafío no consiste solamente en atraer personas al stand. También importa qué queda de ese contacto cuando el visitante continúa recorriendo la feria o vuelve a su actividad habitual.

Ahí aparece una primera diferencia entre entregar cualquier objeto y planificar una acción.

Una bolsa reutilizable puede ser práctica durante una exposición. Una libreta puede acompañar reuniones y anotaciones. Un vaso térmico, un elemento de escritorio o un accesorio relacionado con la actividad de la compañía puede seguir utilizándose después.

El criterio más útil es sencillo: cuanto más conectado esté el producto con la situación en la que se entrega y con las necesidades del destinatario, más posibilidades tiene de permanecer en uso.

Captación de clientes: acompañar una relación que ya comenzó

El momento comercial plantea una necesidad diferente.

Cuando una persona ya mantuvo una reunión, pidió información, recibió una propuesta o inició una relación con la empresa, el objetivo deja de ser llamar su atención entre muchos competidores. Lo que se busca es mantener presente el vínculo iniciado.

En este punto, cantidad y alcance pierden protagonismo frente a relevancia.

No necesariamente tiene sentido entregar el mismo producto a cientos de asistentes de una feria que a un cliente con el que se está desarrollando una relación comercial importante. El valor percibido, la presentación y la utilidad pueden adaptarse a cada situación.

Por eso, una estrategia de productos promocionales puede trabajar con distintos niveles. Los artículos de distribución amplia tienen sentido cuando hay gran circulación de personas. Los regalos más específicos pueden reservarse para reuniones, clientes habituales, acuerdos importantes o acciones de fidelización.

La diferencia también debería aparecer al medir resultados.

En una feria pueden observarse contactos obtenidos, reuniones posteriores o consultas. En una acción destinada a clientes existentes, puede importar más la continuidad de la relación o la respuesta generada.

De esta manera, el costo por unidad deja de ser el único criterio para decidir si una acción tiene sentido.

Onboarding: qué lugar ocupa el merchandising al recibir a un empleado

Uno de los usos que más amplió el alcance tradicional de estos productos aparece puertas adentro de las empresas.

El onboarding —el proceso mediante el cual una persona conoce su función, el equipo y la organización cuando comienza un nuevo trabajo— se convirtió en una etapa relevante de la gestión de personas.

La investigación académica reciente encontró asociaciones entre distintas dimensiones de un buen proceso de incorporación, el bienestar laboral, la identificación con la organización y una menor intención de abandonar el empleo.

Eso no significa que una taza, una mochila o una libreta puedan producir esos resultados.

El objeto puede acompañar una buena bienvenida, pero no reemplazarla.

Dentro de ese marco, el merchandising puede integrarse a un kit de ingreso junto con información de la empresa, materiales necesarios para trabajar o elementos de uso cotidiano.

El objetivo cambia completamente respecto de una feria. Ya no se busca captar la atención de una persona desconocida, sino hacer más cuidada y coherente la experiencia de quien empieza a formar parte del equipo.

También puede ser útil para empresas con distintas áreas, sedes o fechas de incorporación, porque permite establecer algunos elementos comunes de bienvenida sin necesidad de que todos los ingresos ocurran al mismo tiempo.

Navidad y fin de año: cuándo un regalo deja de ser genérico

Los regalos corporativos de fin de año son probablemente el uso más tradicional del merchandising empresarial.

Precisamente por eso requieren cierta planificación.

En una época en la que proveedores, clientes y empleados pueden recibir varios obsequios en pocas semanas, la utilidad y la adecuación al destinatario pesan más que la simple presencia del logo.

Una empresa puede diferenciar entre clientes, colaboradores, proveedores y equipos internos. No todos mantienen la misma relación con la organización ni necesariamente valorarán el mismo tipo de producto.

La personalización tampoco tiene por qué consistir únicamente en imprimir una marca. Puede estar en la selección del objeto, su presentación, el mensaje que lo acompaña o la elección de diferentes alternativas según el destinatario.

La anticipación suma otra variable.

Cuando hay que personalizar, preparar y distribuir determinada cantidad de productos antes de una fecha concreta, comprar sobre el final reduce opciones y aumenta el riesgo de decidir solamente en función de lo que todavía está disponible.

Cuatro momentos, cuatro objetivos diferentes

Pensar los productos promocionales según el momento ayuda a evitar una de las fallas más habituales: utilizar el mismo criterio para cualquier acción.

En una feria

El objetivo principal suele ser visibilidad y recuerdo posterior. Conviene pensar en elementos fáciles de entregar, transportar y utilizar durante o después del evento.

Frente a un cliente

Importa más la relación y la relevancia del regalo. La selección puede ser más personalizada y no necesariamente requiere grandes cantidades.

Al incorporar a un empleado

El producto forma parte de una experiencia de bienvenida. Tiene más sentido cuando acompaña materiales o acciones de onboarding que cuando aparece como un gesto aislado.

Al cerrar el año

Predomina el reconocimiento del vínculo. Segmentación, presentación y anticipación pasan a ser especialmente importantes.

La lógica en los cuatro casos es diferente. Por eso tampoco tendría sentido evaluar todas las acciones exclusivamente por el número de productos entregados.

Qué está cambiando en el merchandising corporativo

Los últimos relevamientos europeos muestran que las empresas están tomando decisiones de compra con mayor precisión.

El escenario económico llevó a muchos compradores a reducir cantidades, demorar algunas decisiones y controlar con mayor detalle el destino de los presupuestos. Al mismo tiempo, aparecen señales de preferencia por productos funcionales, de mejor calidad y capaces de permanecer durante más tiempo con quien los recibe.

Eso favorece varias tendencias.

Más utilidad y menos objetos sin función. Un producto que resuelve una necesidad cotidiana tiene mayores posibilidades de seguir utilizándose.

Cantidades más ajustadas. Comprar exactamente lo necesario reduce sobrantes y permite destinar el presupuesto a productos mejor seleccionados.

Mayor atención a la calidad. Si el propósito es que el objeto permanezca, su duración empieza a ser parte de la decisión.

Sostenibilidad como criterio de compra. Materiales, posibilidad de reutilización, embalaje y vida útil ganan importancia cuando son coherentes con la política de la empresa.

Más segmentación. Una feria, un cliente importante y una incorporación de personal dejan de resolverse necesariamente con el mismo catálogo de productos.

El denominador común es que el objeto se piensa después de definir para qué se necesita, y no al revés.

Cómo decidir qué artículos publicitarios necesita una empresa

Antes de elegir un producto, hay cinco preguntas que permiten ordenar prácticamente cualquier acción.

¿Qué queremos conseguir? Visibilidad, recuerdo, agradecimiento, fidelización o bienvenida requieren decisiones diferentes.

¿Quién lo va a recibir? El mismo objeto puede resultar útil para un grupo e irrelevante para otro.

¿En qué momento se entrega? No es igual recibir algo mientras se recorre una feria que encontrarlo sobre el escritorio el primer día de trabajo.

¿Tiene una utilidad posterior? Cuanto más clara sea la respuesta, mayores posibilidades existen de que el producto continúe en uso.

¿Cómo sabremos si la acción funcionó? Definir el objetivo antes de comprar permite después analizar el resultado con un criterio más útil que simplemente contar cuántas unidades se repartieron.

Estas preguntas también permiten evitar que los artículos publicitarios queden reducidos a una compra automática antes de cada evento o fecha especial.

Río Grande: un uso ligado a situaciones concretas

No existen estadísticas públicas específicas que permitan establecer cuánto aumentó la inversión de las empresas de Río Grande en productos promocionales. Por eso, los datos europeos no deberían utilizarse para afirmar un crecimiento local que hoy no puede medirse.

Sí hay, en cambio, situaciones concretas en la actividad empresarial de la ciudad en las que este tipo de herramientas encuentra una aplicación clara.

Ferias productivas, rondas de negocios, acciones comerciales, incorporación de personal y cierre del año generan momentos diferentes de contacto entre empresas, clientes, proveedores y empleados.

La tendencia internacional aporta otra enseñanza: más que aumentar indiscriminadamente el número de objetos, el mercado está prestando mayor atención a qué se entrega, a quién, por qué y durante cuánto tiempo puede resultar útil.

En ese escenario, el valor del merchandising corporativo no depende solamente de hacer visible una marca. Depende de que el producto tenga sentido dentro de la relación que la empresa busca construir.

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