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31/07 2026

Desde Cabo Nombre hasta la desembocadura del río Ewan, esta área protegida conserva aves migratorias, paisajes costeros únicos y uno de los ecosistemas más singulares del sur argentino.

La Reserva Costa Atlántica de Tierra del Fuego protege unos 220 kilómetros de costa intermareal, desde Cabo Nombre, al norte de la Bahía San Sebastián, hasta la desembocadura del río Ewan. Son aproximadamente 28.600 hectáreas donde conviven planicies de marea, acantilados, dunas, restingas, playas y desembocaduras de ríos que albergan una gran diversidad de especies.

El guardaparque provincial Juan Mayorga explicó que la reserva, creada formalmente en 1998 mediante la Ley Provincial 415, nació para proteger a las aves migratorias, aunque también resguarda toda la biodiversidad del ecosistema costero. Entre sus sectores más representativos se encuentran Península El Páramo, Bahía San Sebastián, Cabo Domingo, Punta Popper, Cabo Peña y Cabo Ewan.

Cada año llegan especies como la becasa de mar, el playero rojizo y el playerito rabadilla blanca, mientras que el área también conserva procesos naturales que modelan el paisaje litoral.

El trabajo de los guardaparques combina censos, relevamientos, controles, mantenimiento de infraestructura, instalación de cartelería, actividades educativas y vigilancia. Además, pueden colaborar en otras áreas protegidas de la provincia cuando la situación lo requiere.

Uno de los principales desafíos es reducir el impacto de los perros sueltos sobre la fauna. «Esto genera una perturbación muy grande para las aves y también para el visitante que solamente ha salido a caminar. Hay que entender que la costa es un espacio público y hay que respetar al otro», advirtió Mayorga.

La Reserva Costa Atlántica también alberga los denominados «bosques fantasma» de Macrocystis pyrifera, un fenómeno poco frecuente donde las algas crecen horizontalmente sobre el intermareal cuando baja la marea. Entre ellas habitan estrellas de mar, caracoles, pulpos, pequeños crustáceos, peces, tiburones y rayas, conformando un ambiente clave para la biodiversidad.

«Cuando lo entendamos, vamos a poder disfrutar y apreciar más la costa, ver las riquezas que se esconden en ella y proteger lo nuestro», concluyó el guardaparque.

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