¡Compartí esta noticia!
13/07 2026

El empresario afirmó que el colapso del muelle de catamaranes se debió a 20 años de falta de mantenimiento.

Ángel Brisighelli sostuvo que los problemas del puerto persisten pese al cambio de administración. Afirmó que antes las respuestas demoraban por la burocracia provincial y que ahora ocurre algo similar porque las decisiones se toman en Buenos Aires. Mientras tanto, cinco catamaranes siguen sin un lugar definido para amarrar.

La clausura del muelle utilizado por los catamaranes turísticos de Ushuaia abrió un nuevo frente de preocupación para uno de los sectores más importantes de la economía fueguina. A pocos meses del inicio de una nueva temporada de cruceros, empresarios del rubro aseguran que todavía no existe una solución para el amarre de varias embarcaciones dedicadas a las excursiones por el Canal Beagle.

El presidente de la Federación de Cámaras de Turismo de la República Argentina y propietario de la antigua agencia de viajes Rumbo Sur, Ángel Brisighelli, explicó que el problema comenzó hace aproximadamente dos meses, cuando una fuerte tormenta provocó el colapso del último tramo del muelle.  Según detalló, las columnas metálicas cedieron por el avanzado estado de corrosión en la zona intermareal.

‘‘Los últimos 25 metros quedaron prácticamente colgando. Es absolutamente imposible operar ahí porque representa un riesgo enorme para los barcos’’, afirmó.

Tras el incidente, las empresas que utilizan ese sector presentaron a la Administración Nacional de Puertos y Navegación (ANPYN) un proyecto para ejecutar una reparación provisoria que permitiera seguir utilizando la estructura mientras se diseñaba una solución definitiva. Sin embargo, la iniciativa fue rechazada.

‘‘Nos dijeron que no era una solución de largo plazo. Lo entendemos, pero tampoco apareció otra alternativa para resolver la emergencia’’, sostuvo el empresario.

“La propuesta presentada por el sector privado nunca pretendió reemplazar una obra definitiva. La idea era hacer una reparación de emergencia para atravesar esta temporada y ganar tiempo hasta ejecutar una solución permanente’’, aclaró.

Brisighelli explicó también que el principal inconveniente no es el embarque de pasajeros, ya que existen otros sectores donde esa operación puede realizarse, sino el lugar donde las embarcaciones permanecen amarradas fuera de servicio.

Actualmente se trabaja en acondicionar un espacio sobre el espigón principal para trasladar temporalmente los barcos, aunque el empresario advirtió que esa medida sólo serviría durante algunos meses.

‘‘Cuando empiecen a llegar los cruceros nos van a sacar de ahí y la pregunta sigue siendo la misma: ¿dónde van a ir los catamaranes?’’, planteó.

Según indicó, al menos cinco embarcaciones turísticas y tres guardacostas necesitan un lugar seguro de permanencia.

‘‘No pueden quedar amarrados en cualquier lado. Son barcos chicos, muy expuestos al viento y a las condiciones meteorológicas’’, explicó.

Entre las alternativas que analiza la ANPYN figura trasladar un antiguo dique flotante de la Armada para generar un nuevo sitio de amarre.

Sin embargo, Brisighelli aseguró que tampoco existe certeza sobre esa posibilidad: “Necesitamos una solución urgente porque la temporada turística está cada vez más cerca. Hace quince años Ushuaia tenía dos muelles secundarios para catamaranes y hoy no tiene ninguno’’.

El entrevistado también atribuyó el deterioro del muelle a la ausencia de mantenimiento durante décadas. ‘‘El muelle no se rompió de un día para otro.

Llegó a este estado porque durante veinte años prácticamente no recibió mantenimiento’’, cuestionó.

Según explicó, las estructuras metálicas expuestas permanentemente al agua de mar requieren sistemas de protección contra la corrosión o materiales sobredimensionados para prolongar su vida útil.

‘‘Y acá no hubo ninguna de las dos cosas’’, sentenció.

El referente turístico consideró que la intervención nacional del puerto tampoco modificó la lentitud para resolver los problemas operativos.

‘‘Antes era muy difícil conseguir que la Dirección Provincial de Puertos hiciera el mantenimiento mínimo. Ahora el problema es otro: tratas con gente que no toma decisiones. Todos toman nota y la respuesta depende de alguien en Buenos Aires con quien ni siquiera podés hablar’’, señaló.

Related