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12/07 2026

Con apenas cinco gallinas comenzó un proyecto que hoy abastece a decenas de familias de Tierra del Fuego. En diálogo con Aire Libre FM, la productora avícola Ivonne Naveas repasó cómo nació su emprendimiento, el sueño de vivir en Tolhuin rodeada de naturaleza, el crecimiento de su granja y las dificultades que enfrenta por la falta de servicios básicos, un problema que limita la producción durante el invierno.

Todo comenzó hace poco más de cinco años con apenas cinco gallinas. Lo que en un principio parecía una producción para consumo familiar terminó convirtiéndose en un emprendimiento que hoy cuenta con casi 80 aves y una demanda que supera ampliamente su capacidad de producción.

«Empecé con cinco gallinitas y uno dice que son para uno nomás. Pero empiezan a aparecer los huevitos, la emoción de ver el primer huevo, y después querés sumar cinco más, siete más, veinte más. Hoy tengo casi 80 gallinitas, casi todas poniendo», relató Ivonne Naveas.

Junto a su esposo, Luis «Flaco» Velázquez, produce huevos de lo que define como «gallinas felices y sin estrés», ya que las aves permanecen sueltas gran parte del día en un entorno natural.

«Nos dedicamos a producir huevos de gallinitas felices, porque me gusta soltarlas en toda esta naturaleza. También tenemos seis patos y por suerte la producción anda muy bien», contó.

Sin embargo, explicó que la oferta todavía no alcanza para cubrir todos los pedidos, especialmente los que llegan desde Río Grande.

«Tengo mucho pedido porque soy nacida en Río Grande, pero no me alcanza para cubrir todo lo que me piden. Necesitaría más gallinas poniendo. En invierno baja un poquito la producción y este año además tuvimos un problema familiar que nos obligó a pasar mucho tiempo en Río Grande por la salud de mi papá», explicó.

Un sueño de vida entre el bosque

Naveas recordó que vivir en Tolhuin era un anhelo que perseguía desde hacía muchos años.

«Siempre fue mi sueño venirme a Tolhuin. Intenté comprar en Río Grande, anotarme en el IPB, pero nunca se dio. Cuando apareció la posibilidad de comprar acá no lo dudé. Me gusta muchísimo la naturaleza y los animales. Tener una granja era mi sueño y hoy puedo decir que es un sueño cumplido», expresó.

La chacra se encuentra en una zona rodeada de bosque, un entorno que decidió preservar desde el primer momento.

«No quise tocar árboles, salvo algunos muy viejitos que podían caerse. Al contrario, agregué más vegetación. Me gusta cuidar el lugar y convivir con la naturaleza», señaló.

Incluso relató una anécdota reciente vinculada con la fauna del lugar.

«Tenemos una trampa para zorro que no lastima a los animales. Esta mañana encontramos un gato adentro. Avisamos a los vecinos para ver de quién era y después lo soltamos enseguida», contó.

El acompañamiento permanente del INTA

Desde los primeros pasos del emprendimiento, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) acompañó el crecimiento de la granja.

«Desde que tenía cinco gallinas ya recibía visitas del INTA. Incluso en ese momento me dieron algunos pollitos. Siempre vienen, nos asesoran y organizan capacitaciones muy completas», destacó.

Según explicó, las recomendaciones de los técnicos fueron fundamentales para mejorar las condiciones de las aves.

«Hace poco vinieron profesionales de Río Grande, Ushuaia y Río Gallegos. Nos dieron muchos consejos para mejorar los comederos, proteger los patios de la humedad y evitar enfermedades en las patas de las gallinas. Son ideas que aplicamos todos los días», afirmó.

La falta de servicios limita la producción

Pese al crecimiento del emprendimiento, Naveas aseguró que la mayor dificultad sigue siendo la falta de energía eléctrica.

«Tenemos un problema grave con la falta de luz desde hace años. Han venido políticos de todos los gobiernos prometiendo soluciones, pero seguimos igual. No tenemos servicios», lamentó.

La ausencia de electricidad repercute directamente sobre la producción de huevos durante el invierno.

«La gallina necesita entre 14 y 16 horas de luz para mantener la postura. En invierno acá hay muy pocas horas de luz natural y esas horas deberían completarse con iluminación artificial. Como no tenemos electricidad, baja mucho la producción», explicó.

A eso se suma otro inconveniente propio de las bajas temperaturas.

«También tenemos que estar pendientes de que no se congele el agua. Hay gente que dice ‘poné una resistencia’, pero las resistencias funcionan con electricidad y nosotros no tenemos. Entonces hay que venir varias veces al día a cambiarles el agua para que puedan seguir tomando», concluyó.

 

(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)

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