En el marco del 105° aniversario de Río Grande, Aire Libre FM dialogó con Luis «Lucho» Alderete, uno de los históricos trabajadores de la tradicional confitería Roca. Con más de cuatro décadas de trayectoria, recordó sus comienzos como operador del antiguo cine, el cierre de la sala por la llegada del VHS y las historias que fue construyendo detrás de la barra, donde todavía hoy mantiene el trato cercano que lo convirtió en un personaje reconocido por varias generaciones de vecinos.
En una ciudad donde muchos lugares forman parte de la memoria colectiva, pocos tienen tanta historia como el antiguo cine y la confitería Roca. Allí, Luis «Lucho» Alderete comenzó a trabajar cuando tenía apenas 17 años.
«Entré en el año 1981. Llevo más de 40 años, aunque tuve un intervalo de cuatro años en el que me fui y después volví. Desde entonces sigo trabajando acá», contó durante una entrevista con Aire Libre FM.
Antes de convertirse en una de las caras más conocidas de la confitería, Lucho trabajó como operador del cine Roca. Allí aprendió el oficio de proyectar películas y fue testigo de los últimos años de una sala que marcó la vida social de Río Grande.
«Empecé como operador de cine. Aprendí a pasar las películas y viví toda esa etapa. El cine terminó cerrando por la llegada del VHS y de la piratería. Me acuerdo que estábamos proyectando películas como Rambo y El color del dinero, pero ya estaban disponibles en video. La gente dejó de ir al cine y fue muy difícil sostenerlo», recordó.
Tras el cierre de la sala, continuó ligado al mismo edificio, esta vez desde la confitería.
«Siempre trabajé en la barra. Nunca fui mozo. Es el lugar donde me siento cómodo y donde conocí a muchísima gente», señaló.
Con el paso de los años, el vínculo con los clientes fue cambiando, aunque algunos mantienen la costumbre de pasar todos los días.
«Con los clientes de muchos años hay un trato especial. Hay mucha confianza, nos hacemos bromas, hablamos de todo. Hay días que alguno viene con cara larga y enseguida le preguntás qué pasó. Ese tipo de relación se fue construyendo con el tiempo», explicó.
Reconocido por sus capuchinos y por el trato cordial con quienes llegan a la confitería, Alderete asegura que el contacto con las nuevas generaciones es diferente.
«No es lo mismo que con los clientes de toda la vida. Con ellos hay una confianza distinta, porque nos conocemos hace muchos años», comentó.
Antes de llegar al Roca también tuvo su primera experiencia laboral siendo muy joven.
«Trabajé como cadete en la farmacia del pueblo. Después llegó la oportunidad del cine y más tarde la confitería, donde prácticamente hice toda mi vida laboral», recordó.
A sus casi 63 años, Lucho continúa detrás de la barra del histórico Roca, un lugar que, al igual que él, forma parte de la memoria cotidiana de varias generaciones de riograndenses.
(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)
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