La mayoría de los abusos infantiles ocurre en entornos de confianza.
Lejos de la imagen del desconocido que aparece de manera ocasional, organismos especializados sostienen que muchas situaciones de abuso sexual infantil son cometidas por personas conocidas por la familia o con acceso cotidiano al entorno de los niños.
La condena dictada reciéntemente en Río Grande volvió a poner sobre la mesa una realidad que especialistas y organismos dedicados a la protección de la infancia vienen señalando desde hace años: los abusos sexuales contra niños y adolescentes suelen producirse dentro de ámbitos de confianza y muchas veces son cometidos por personas del entorno familiar.
Organismos internacionales dedicados a la infancia advierten que no existe un perfil único del agresor y que el abuso no responde necesariamente a la figura del desconocido. Por el contrario, puede tratarse de familiares, amistades, vecinos, personas que frecuentan el hogar o adultos que logran construir vínculos de cercanía y confianza con la familia.
En este sentido, especialistas explican que el mecanismo frecuente no es la violencia física inmediata sino la generación progresiva de confianza, el acceso habitual al niño o niña y el aprovechamiento de momentos de privacidad o escasa supervisión.
Entre las recomendaciones preventivas aparecen algunas pautas que pueden incorporarse sin modificar la vida cotidiana ni generar temor permanente:
• Evitar instalar la idea de que determinados adultos son “intocables” o merecen confianza absoluta. No se deben utilizar expresiones del tipo “siempre tenés que hacerle caso a los mayores”, y alentar el diálogo y la confianza para que los chicos cuenten cualquier situación a sus padres.
• Enseñar desde edades tempranas que el cuerpo tiene límites y que ningún adulto debe pedir secretos relacionados con el cuerpo o situaciones que generen incomodidad.
• No obligar a los chicos a dar besos, abrazos, sentarse en las rodillas o muestras de afecto que no desean.
• Prestar atención a cambios bruscos de conducta, miedo inusual hacia una persona determinada, rechazo repentino a determinados lugares o alteraciones del sueño.
• Es muy importante crear espacios de conversación habituales para que puedan contar situaciones incómodas sin temor a ser retados o no creídos. Es primordial poder construir vínculos donde los niños sepan que pueden decir “no”, expresar incomodidad y ser escuchados cuando algo les genera temor.
Los especialistas también remarcan que muchas veces los menores no relatan directamente una situación de abuso. El silencio puede estar asociado al miedo, la confusión, la vergüenza o incluso al afecto hacia la persona involucrada.
La protección —coinciden organismos como UNICEF— empieza mucho antes de una denuncia: comienza en la confianza cotidiana y en la disponibilidad de los adultos para escuchar.
SEÑALES DE ALERTA EN LOS CHICOS
• Problemas para dormir, pesadillas frecuentes
• Depresión o aislamiento repentino de los entornos que frecuentaba
• Referirse a su cuerpo como dañado o sucio
• Estar muy preocupado por el bienestar de sus genitales
• Interés excesivo en temas de índole sexual
• Repudio o rechazo por todo lo que tenga que ver con temas sexuales
• Tener dinero del que no pueda dar explicaciones
• Manifestar temor ante un adulto en particular
• No querer estar a solas con un adulto o miembro de la familia
• Referirse a adultos como amigos especiales con los que tiene secretos
• Presentar enrojecimiento o sarpullido en zonas genitales
CÓMO EVITAR EL ABUSO SEXUAL INFANTIL
• No dejar a los niños con alguien que recién se conoce ni con parejas ocasionales.
• No dejar a los niños solos en la casa.
• No permitir que los niños se vayan con cualquier persona y bajo ningún pretexto.
• No dejar que vayan solos a comprar.
• No dejarlos solos en el auto, así sea un minuto.
• No someterlos a un ambiente de alcohol y/o drogas.
• No dejarlos con personas inestables emocionalmente
• No dejar que duerman en cualquier casa.
• Alentarlos siempre a que expresen lo que piensan, sienten, temen o quieren.
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