Las altas temperaturas convocan a cientos de visitantes a la reserva provincial, que combina costa, bosque y biodiversidad. Su valor también está ligado a los yacimientos arqueológicos del pueblo Yagán y al trabajo de conservación que realizan los guardaparques.
Las altas temperaturas de los últimos fines de semana dejaron una postal que hasta hace algunos años era menos habitual: las playas de Ushuaia colmadas de personas que buscan disfrutar del sol y el mar. Para muchas familias, la Reserva Playa Larga es uno de los destinos más cercanos para caminar, compartir una tarde al aire libre o darse un chapuzón en las aguas del canal Beagle.
Evelin Contreras nació y se crió en Ushuaia. Su vínculo con el lugar comenzó durante la infancia, cuando todavía no existía la misma información ni la conciencia ambiental que hoy encuentra entre los visitantes.
“Se lo veía simplemente como un camping, como cualquier otro espacio”, recuerda.
Con el paso de los años, su formación y su trabajo le permitieron comprender el valor de las áreas protegidas. Actualmente se desempeña como jefa de Guardaparques de la Zona Sur y tiene a su cargo tareas vinculadas con la conservación de un espacio que formó parte de su propia historia.
“Hoy entiendo por qué se debe proteger y por qué es importante que siga existiendo”, señala.
La cercanía con el ejido urbano convierte a Playa Larga en uno de los espacios naturales más accesibles para los habitantes de Ushuaia. La reserva cuenta con dos playas principales y distintos ambientes, entre ellos sectores costeros, de matorral y de bosque. También dispone de estacionamiento, dos miradores, cartelería interpretativa y áreas destinadas a los visitantes.
“Al estar muy próxima a la zona urbana, es bastante concurrida, mayormente por los vecinos de Ushuaia”, explica Contreras. Esa accesibilidad permite que personas de distintas edades puedan disfrutar del lugar: “Desde lactantes hasta adultos mayores”.
Sin embargo, su importancia excede las posibilidades recreativas. “También funciona como un aula a cielo abierto. Varias instituciones vienen a disfrutar de este espacio y a estudiar lo que hay en esta pequeña reserva tan enriquecedora”, describe.
Un patrimonio natural y arqueológico
Detrás del paisaje costero existe un patrimonio que no siempre resulta visible para quienes recorren la reserva. Uno de sus principales valores de conservación son los yacimientos arqueológicos vinculados al pueblo Yagán, que constituyen testimonios de la presencia de sus comunidades en las costas del canal Beagle mucho antes de la conformación de Ushuaia.
La reserva también alberga una diversidad de especies de flora y fauna. Según detalla Contreras, se registraron más de 40 especies de aves, algunas residentes y otras migratorias que utilizan el área en distintas épocas del año. A ellas se suman animales como los zorros y la variedad de ambientes naturales que se encuentran en un recorrido relativamente corto.
La concurrencia creciente plantea, al mismo tiempo, desafíos para el cuidado del área. Contreras reconoce que hubo cambios en el comportamiento de los visitantes, aunque todavía queda trabajo por hacer.
“Años anteriores se la notaba un poco más descuidada, con más residuos. La gente no era tan responsable”, recuerda.
Frente a esa situación, las actividades abiertas a la comunidad y el trabajo con instituciones educativas forman parte de las estrategias para fortalecer la conciencia ambiental.
“Es necesario que la gente se siga informando y todavía falta mucho trabajo por recorrer para lograr que esta conservación no solamente venga de la autoridad de aplicación, sino también del cuidado de los propios vecinos que visitan el lugar”, sostiene.
Conocer para conservar
Para la jefa de Guardaparques, disfrutar de Playa Larga también implica asumir responsabilidades sobre su preservación. Por eso recomienda prestar atención a la cartelería, acercarse a los trabajadores del área y consultar ante cualquier duda.
“Que puedan sacarse dudas, preguntar, querer informarse”, propone.
El conocimiento del patrimonio natural y cultural es, desde su perspectiva, una herramienta fundamental para promover su cuidado. “Una vez que podamos ver y valorar estas cosas, la conciencia y el cuidado vienen por sí solos”, afirma.
También espera que quienes visitan la reserva puedan compartir lo aprendido con otras personas: “Que puedan seguir eligiéndolo como lugar de disfrute, pero también contarle un poquito más al amigo, al familiar o a la persona que tienen al lado”.
Entre sus playas, el bosque y las vistas al canal Beagle, Playa Larga conserva un patrimonio natural y arqueológico que forma parte de la identidad del territorio. Un espacio de recreación cercano a la ciudad, cuyo valor también depende del compromiso de quienes lo visitan.
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