Otro timo de los ingleses.
La denominación internacional del paso marítimo que separa Sudamérica de la Antártida rinde homenaje al corsario inglés Francis Drake. Sin embargo, más de medio siglo antes, el navegante español Francisco de Hoces ya había llegado a esas aguas. Una historia que merece ser recuperada.
Alejandro Bertotto con Ricardo Capdevila, coautor del libro Historia antártica argentina. El lugar es Cerro Nevado, junto a la cabaña de la expedición de Otto Nordenskjöld, conocida como cabaña de Sobral.
El mal llamado Paso de Drake, también conocido como Pasaje de Drake o mar de Hoces, es la ruta marítima más austral que conecta los océanos Pacífico y Atlántico. Se extiende entre Sudamérica y la Antártida, con una anchura que varía entre 800 y 950 km, y conforma la navegación más violenta y tormentosa de todo el planeta. El Paso de Drake es famoso por sus tormentas extremas y sus vientos sin obstáculos alrededor del océano Austral. Allí pueden encontrarse olas gigantescas, reportadas incluso de más de 19 metros, y corrientes oceánicas muy fuertes, donde confluyen los océanos Pacífico y Atlántico, además de condiciones impredecibles conocidas como Drake Lake (calmo) o Drake Shake (muy agitado).
Como es habitual en la toponimia mundial, los ingleses hacen propios los descubrimientos de otros, imponiendo su toponimia a lugares que anteriormente fueron descubiertos por hombres de otras nacionalidades, como es el caso del «Pasaje de Drake», sepultando los merecimientos que verdaderamente le correspondieron al navegante gallego Francisco de Hoces, como bien relata la obra publicada por la Dirección Nacional del Antártico, Historia antártica argentina, de Ricardo Capdevila y Santiago Comerci, en 1986.
La publicación de Capdevila y Comerci señala que los navegantes españoles Hernando de Magallanes y Francisco de Hoces fueron los primeros en penetrar al sur de América. Había de corresponder a los españoles, a partir del ciclo histórico que inicia Cristóbal Colón en 1492, la gloria de las primeras aproximaciones hacia la tierra presentida por los griegos. España también realizó una nueva aproximación a las tierras australes en busca de las ansiadas Indias. Así, Juan Díaz de Solís pagó con su vida y la de sus hombres el avance hacia el sur para el conocimiento de las nuevas tierras, allá por 1515.
Con parecida fortuna, pero gestando la primera circunnavegación de la Tierra, Hernando de Magallanes, piloto portugués al servicio de la Corona de
España, alcanzaría la latitud de los 53° sur, hallando el deseado paso que transformó el conocimiento geográfico de la época. Por aquel tiempo, se supuso que la parte sur del estrecho que descubriera Magallanes era la parte septentrional de la «tierra austral desconocida», como comenzaba a denominarse la Antártida de los griegos.
España también realizó una nueva aproximación a las tierras australes cuando, en 1526, envió una flota a la zona, al mando de García Jofré de Loaisa. Dice la crónica que, en oportunidad de embocar el estrecho de Magallanes, la flota española fue sorprendida por un duro temporal que dispersó los buques. Fue así como la carabela San Lesmes, que mandaba el marino gallego Francisco de Hoces, fue arrastrada por los vientos hacia los 55° de latitud sur.
Cuando los buques volvieron a reunirse en las angosturas del estrecho, Francisco de Hoces informó a su comandante que, en aquellas latitudes, había avistado el «acabamiento de las tierras». Vale decir que fue Francisco de Hoces quien descubrió el mar libre al sur de la Tierra del Fuego, el hoy mal llamado Pasaje de Drake.
Este acontecimiento histórico-geográfico comenzó a reducir a sus límites reales aquel inconmensurable territorio austral imaginado primero por los griegos y luego por geógrafos y cartógrafos. Conviene señalar que el Pasaje de Drake debería denominarse Pasaje de Hoces, en honor a su descubridor.
Pero los ingleses sucedieron a los españoles en el dominio de los mares y así el corsario Francis Drake —sobre quien también viene a cuento señalar que nunca navegó las aguas que llevan su nombre— ostenta en la toponimia internacional el inmerecido privilegio de denominar tan importante accidente geográfico.
Related