Un descuido que puede terminar en un accidente.
Un caso reciente volvió a poner en escena un riesgo que muchas veces pasa inadvertido: qué puede ocurrir cuando una puerta no queda correctamente trabada y se abre mientras el vehículo está circulando. La situación puede comprometer al conductor o a los pasajeros en apenas segundos.
Hay situaciones al volante que parecen demasiado improbables como para convertirse en un problema real. Una de ellas es que una puerta se abra mientras el vehículo está en movimiento. Sin embargo, un caso reciente volvió a poner en escena un riesgo que puede tener consecuencias mucho más serias de lo que aparenta.
No existen estadísticas oficiales que permitan establecer cuántos siniestros se producen específicamente por puertas que se abren durante la marcha. Los registros generales de siniestralidad vial no suelen discriminar este tipo de situaciones como una categoría independiente. Pero el riesgo está contemplado expresamente por las normas de seguridad vehicular.
La Ley Nacional de Tránsito prohíbe circular con las puertas abiertas y establece, además, que los vehículos deben contar con sistemas que impidan su apertura inesperada durante la marcha. En los controles técnicos también se verifica que las puertas puedan abrir, cerrar y trabar correctamente.
El motivo es sencillo: una puerta que se abre inesperadamente no representa solamente un inconveniente para quien conduce. Puede provocar la caída de un ocupante, favorecer su expulsión ante una maniobra brusca o un impacto e incluso generar un riesgo para otros usuarios de la vía.
UN SEGUNDO PUEDE SER SUFICIENTE
El problema es que el episodio puede producirse sin que exista previamente una situación de tránsito particularmente peligrosa.
Una puerta puede quedar mal cerrada después de que alguien asciende al vehículo y, al tomar una curva, una frenada o una maniobra, abrirse repentinamente. En ese momento, el movimiento del vehículo puede convertirse en un factor determinante.
Para un conductor, además, la apertura de su propia puerta puede generar una situación especialmente crítica. Una persona que pierde parcialmente el apoyo del cuerpo puede quedar expuesta a caer sobre la calzada y, al mismo tiempo, perder el control del rodado.
La escena no es tan difícil de imaginar: el vehículo dobla, la puerta se abre y el cuerpo del conductor se desplaza hacia el exterior. Todo puede ocurrir en cuestión de segundos.
EL CINTURÓN, UNA PROTECCIÓN FUNDAMENTAL
En este tipo de situaciones vuelve a cobrar importancia uno de los elementos más básicos de seguridad vial: el cinturón.
La Organización Mundial de la Salud señala que los sistemas de retención ayudan a mantener a los ocupantes dentro del vehículo y a evitar su expulsión. Según ese organismo, el uso del cinturón puede reducir hasta un 50% el riesgo de muerte entre los ocupantes de vehículos.
Por eso, el cinturón no solamente adquiere importancia ante una colisión. También puede constituir una barrera de protección frente a maniobras bruscas o situaciones inesperadas que ocurran durante la circulación.
QUÉ CONVIENE CONTROLAR ANTES DE ARRANCAR
La prevención, en este caso, comienza antes de poner el vehículo en movimiento y requiere apenas unos segundos.
• Comprobar que todas las puertas estén correctamente cerradas y trabadas. No alcanza con empujarlas hasta escuchar el golpe: es necesario verificar que el mecanismo haya quedado asegurado.
• Prestar atención a las señales del tablero. Muchos vehículos cuentan con indicadores que advierten cuando alguna puerta permanece abierta.
• Utilizar siempre el cinturón de seguridad. Tanto el conductor como todos los pasajeros deben colocárselo antes de iniciar la marcha.
• No circular si una puerta presenta fallas. Si no cierra o traba correctamente, el problema debe solucionarse antes de continuar el viaje.
• Extremar los cuidados con niños y pasajeros que puedan distraerse o moverse dentro del habitáculo. Los sistemas de retención adecuados reducen el riesgo de desplazamiento o expulsión.
• Ante una falla durante la marcha, detener el vehículo en un lugar seguro. Intentar solucionar una puerta abierta mientras se continúa circulando puede generar un riesgo todavía mayor.
Puede parecer un detalle menor: cerrar una puerta y seguir viaje. Pero una puerta que no quedó correctamente trabada puede transformar una maniobra cotidiana en una situación peligrosa en apenas un instante.
Y justamente por eso, antes de poner el vehículo en movimiento, hay cosas que conviene no dar por hechas.
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