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25/09 2026

El debate internacional sobre el uso de internet y las redes sociales en la infancia plantea nuevos desafíos para las familias, los Estados y las plataformas digitales.

Por Gabriela Brouwer de Koning

Actualmente existe un debate internacional sobre cómo proteger a niños y adolescentes en internet y en las redes sociales.

El celular es la puerta de entrada a un mundo lleno de oportunidades, permite aprender, jugar, crear, hablar con amigos, escuchar música, expresarse y descubrir cosas que quizás nunca conocerían. Pero por esa misma puerta también pueden ingresar desconocidos, apuestas, publicidad dirigida, contenidos violentos, desafíos peligrosos, acoso y otras formas de violencia.

Por eso, internet ya no puede ser considerado solo como una herramienta, porque es uno de los espacios donde niños y adolescentes crecen, se vinculan, se informan, se comparan y construyen su identidad. Es en este proceso donde aparece uno de los principales problemas, debido a que esos entornos digitales no fueron diseñados pensando en su protección.

Es frecuente escuchar de los adultos que los chicos “saben más de tecnología que nosotros”. Probablemente sea cierto. Pueden instalar una aplicación, editar un video o aprender rápidamente a utilizar una plataforma. Pero existe una diferencia fundamental entre saber usar una tecnología y saber protegerse dentro de ella.

Un niño puede manejar perfectamente una aplicación y no advertir que alguien intenta manipularlo. Puede conocer cada botón de una red social y no comprender por qué el algoritmo insiste en mostrarle determinados contenidos. Puede saber cómo funciona una plataforma y, al mismo tiempo, no tener las herramientas emocionales para comprender qué le está pasando.

Existe, entonces, una brecha en la comprensión de los riesgos que merece atención. Porque lo que sucede detrás de una pantalla puede tener consecuencias en la vida cotidiana y afectar la autoestima, los vínculos, el aprendizaje, la privacidad, la salud y, en los casos más graves, la integridad.

¿Cómo los acompañamos?

Esa es una de las grandes discusiones que atraviesan hoy distintos países. Algunos avanzan con límites de edad para acceder a determinadas plataformas; otros buscan construir entornos digitales más seguros, incorporando controles de edad, privacidad, protección frente a contenidos dañinos y responsabilidades para las empresas.

La discusión no debería reducirse a una falsa alternativa entre prohibición absoluta y libertad absoluta. Hay contenidos y actividades frente a las cuales no alcanza con recomendar prudencia. Las apuestas, explotación sexual, pornografía, publicidad dirigida o contacto abusivo de adultos requieren límites y controles.

Pero proteger tampoco significa aislar. Significa enseñar, acompañar, prevenir, establecer reglas y exigir responsabilidades.

No podemos dejar solas a las familias frente a esta realidad. Necesitamos una política integral que permita aprovechar los beneficios de la tecnología sin dejar de cuidar los derechos y la integridad de niños y adolescentes.

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