La iniciativa Acción por la Biodiversidad, financiada por la Unión Europea, reunió información sobre ecosistemas y riesgos, elaboró más de veinte productos de conocimiento territorial y trabajó en reservas urbanas de Río Grande y Tolhuin.
El proyecto Acción por la Biodiversidad transita su etapa final después de tres años de trabajo en Tierra del Fuego. La iniciativa, liderada por ICLEI y financiada por la Unión Europea, reunió información científica sobre los ecosistemas fueguinos y buscó convertirla en herramientas para la planificación de las ciudades y la conservación de sus reservas naturales.
La directora ejecutiva de ICLEI Argentina, María Julia Reyna, explicó en radio Provincia que el primer paso fue “conocer para transformar”. El trabajo incluyó el registro de “sus bosques, sus humedales, sus turberas, los reservorios de carbono” y de los riesgos territoriales, con el propósito de orientar decisiones de desarrollo urbano.
Esa información se tradujo en modelos espaciales y más de veinte productos de conocimiento. Reyna señaló que la provincia ya dispone de parte de esos resultados en su plataforma de datos espaciales. También describió el objetivo de vincular la investigación con la gestión: “Parte del esfuerzo fue generar ese acople inteligente”, mediante diagnósticos validados con participación de distintos sectores.
El proyecto trabajó en Tolhuin, Río Grande y Ushuaia, además de articular acciones con el Gobierno provincial. Los análisis abarcaron, entre otros aspectos, reservorios de agua y carbono, riesgos para los hábitats y erosión costera en Río Grande. La información fue organizada para que las autoridades puedan identificar ecosistemas y evaluar consecuencias de intervenir sobre ellos.
En Río Grande y Tolhuin, una aplicación concreta fue el ordenamiento de reservas naturales urbanas. Los planes reúnen criterios de conservación, medidas de restauración y posibles fuentes de financiamiento para su ejecución. “Construya pasarela, realice limpieza, restauremos este ecosistema, tengamos en cuenta las nativas, saquemos los castores, cuidado con los perros”, enumeró Reyna, y advirtió que “son todas medidas de acción que no se pueden pensar sueltas”.
La directora vinculó esos planes con decisiones habituales de obra pública. Al abrir una calle o extender un ejido urbano, sostuvo, es necesario conocer los ecosistemas afectados. Citó el caso de las turberas en Tolhuin para ilustrar por qué esa información debe llegar antes de definir una intervención.
Además de los estudios, la iniciativa desarrolló instancias de capacitación y educación. Reyna sintetizó el criterio del trabajo: “La mirada de los ecosistemas es una mirada nueva”.
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