En una nueva edición del ciclo «Raíces en Movimiento», conducido por Diana Flores, la profesora y bailarina Yamili Fazarri repasó el camino que comenzó a los cinco años en Villa María, Córdoba, y que décadas más tarde la convirtió en una referente de la formación artística en Río Grande. Entre recuerdos familiares, maestros que marcaron su carrera y el compromiso con la enseñanza, compartió una historia atravesada por la pasión y la vocación.
Cada bailarín tiene una historia. Algunas nacen sobre un escenario; otras, en una pequeña sala de barrio. La de Yamili Fazarri comenzó cuando apenas tenía cinco años, en Villa María, Córdoba. Desde aquel primer contacto con la danza, nunca dejó de bailar.
Durante la entrevista con Diana Flores, Fazarri recorrió los momentos que marcaron su trayectoria: sus primeros pasos, las personas que acompañaron su formación, su llegada a Río Grande y el sueño que la impulsó durante toda su vida: enseñar y transmitir el amor por la danza, una tarea que lleva adelante desde hace 38 años.
Nacida en Villa María, vivió en Córdoba hasta los 21 años. Fue su madre quien la llevó por primera vez a una academia de danza. Allí tomó por primera vez unas castañuelas entre sus manos y descubrió un universo que definiría su destino.
Más adelante comenzó a formarse con la profesora Liliana Dupin y, con apenas seis años, rindió su primer examen. A los once se enamoró de la danza clásica al calzarse por primera vez unas zapatillas de punta y, a los catorce, amplió su formación incorporando danzas latinoamericanas, folclore y zapateo americano.
Su talento la llevó a integrar el Ballet Iberoamericano, dirigido por Silvia Soriach. A los 21 años dio un nuevo paso al ser seleccionada, tras una audición, para integrar el cuerpo de las Nuevas Lunas de Cosquín, una experiencia que marcó un punto de inflexión en su carrera.
Uno de los momentos más emotivos de la charla llegó cuando Diana Flores le pidió que compartiera un objeto con un significado especial. Yamili mostró una pequeña blusa confeccionada por su madre cuando ella tenía apenas cinco años.
«Mi mamá no sabía coser, pero la hizo con muchísimo amor», recordó con emoción.
También enseñó una de las carpetas que su padre preparaba cuidadosamente desde que era niña, donde ella guardaba apuntes, dibujos y todo el material de estudio relacionado con su formación artística.
«Ellos me acompañaron durante toda mi carrera. Muchas veces no agradecemos todo lo que hacen por nosotros», reflexionó.
Su llegada a Río Grande también estuvo marcada por las casualidades que terminan cambiando una vida. Invitada por una familia amiga, conoció la ciudad y comenzó a buscar un lugar donde dar clases. Fue entonces cuando llegó a la Biblioteca Eduardo Schmidt, donde conoció al reconocido bailarín Víctor Hugo, quien la invitó a integrar el Ballet Río Grande. En ese mismo ámbito conoció también a quien sería su compañero de vida, Walter Freyre.
Desde entonces, su historia quedó profundamente ligada al crecimiento de la danza fueguina.
Otro de los nombres fundamentales en su recorrido es el del maestro Alejandro Toto, bailarín del Teatro Colón, con quien mantiene un vínculo profesional y de amistad desde 1999. Gracias a esa relación, durante muchos años el reconocido maestro viajó a Río Grande para brindar seminarios y capacitaciones, enriqueciendo la formación de bailarines de la ciudad y fortaleciendo el desarrollo de la danza local.
Fazarri también recordó con orgullo haber sido la primera profesora de danza del entonces naciente Colegio Polivalente de Arte, hoy consolidado como el Centro Polivalente de Arte, institución que destacó por su crecimiento y por el aporte que realiza a la educación artística en Tierra del Fuego.
Sobre el cierre de la entrevista, la emoción volvió a hacerse presente, esta vez para agradecer el espacio que propone el ciclo.
«Quiero agradecerte por este espacio. Sos un nexo entre profesoras, profesores y escuelas de danza, siempre con respeto y sin hacer diferencias. Nos das la posibilidad de compartir nuestras historias y encontrarnos a través de la danza. Gracias por lo que hacés por la comunidad», expresó dirigiéndose a Diana Flores.
Con casi cuatro décadas dedicadas a la enseñanza, Yamili Fazarri continúa formando nuevas generaciones de bailarines. Su historia demuestra que la danza no solo se aprende con técnica y disciplina, sino también con el acompañamiento de la familia, la generosidad de los maestros y la convicción de que cada alumno puede encontrar, a través del arte, una forma de construir su propio camino.
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