José “Chueco” Loncón, antiguo poblador de Río Grande e histórico dirigente y entrenador del club O’Higgins, habló con Aire Libre sobre su llegada a la ciudad en 1964, sus primeros trabajos, su paso por YPF y una extensa vida dedicada al fútbol y al futsal. Durante décadas acompañó la formación de niños y jóvenes, muchos de los cuales todavía lo reconocen en la calle como “profe”.
La historia deportiva de Río Grande tiene nombres que atraviesan generaciones. Uno de ellos es el de José “Chueco” Loncón, quien llegó a la ciudad siendo adolescente y terminó construyendo buena parte de su vida alrededor del fútbol, el futsal y, especialmente, del club O’Higgins.
“Tuve la suerte de haber llegado a los 16 años y cinco meses, el 13 de julio del 64”, recordó Loncón, quien nació en Calbuco, a unos 50 kilómetros de Puerto Montt, Chile.
Su llegada a Río Grande estuvo vinculada a un hermano mayor que ya vivía en la ciudad. Sin embargo, apenas arribó comenzó a buscar su propio camino.
Del Hotel Villa a una nueva vida en Río Grande
Loncón recordó que llegó en avión desde Punta Arenas y pocas horas después ya estaba recorriendo la ciudad en busca de trabajo.
“Llegué a las dos de la tarde y a las cinco me vine caminando. Pasé por el Hotel Villa y había un papelito que decía que necesitaban un chico para trabajar”, relató.
La entrevista laboral fue tan sencilla como directa.
“Me preguntaron: ‘¿Sabés pelar papas?’. Yo le dije: ‘Sí, señor’”, recordó entre risas.
Así comenzó como ayudante de cocina en el histórico establecimiento.
“Ahí empecé a trabajar. Después terminé haciendo de mozo también. Un día se me cayeron los platos porque quise llevar cuatro y se me cayeron en medio del salón”, contó.
Trabajó allí durante casi tres años y llegó incluso a vivir en una habitación del propio hotel.
Más adelante formó su familia y continuó construyendo su vida en una ciudad que terminó convirtiéndose definitivamente en su hogar.
O’Higgins, “toda la vida”
Pero si hay un lugar inseparable de la historia de Loncón es el club O’Higgins.
Ante la pregunta sobre cuánto tiempo estuvo ligado a la institución, respondió sin dudar: “Toda la vida con el club O’Higgins”.
Su recorrido incluyó tanto el fútbol tradicional como el fútbol de salón.
“Cuando volví de Ushuaia me dediqué al fútbol, y después, cuando estuvo listo el gimnasio del Centro Deportivo, ya se empezó a jugar al fútbol de salón y me dediqué con los chicos”, explicó.
Si bien también dirigió equipos de Primera División y tuvo experiencias al frente de seleccionados, su mayor dedicación estuvo puesta en las divisiones formativas.
“Dirigí la Primera, pero más me dediqué a los chicos. Hoy tienen 50, 55 años. A algunos los iba a buscar a la casa cuando tenían nueve años, en preinfantiles”, recordó.
“Lo mejor que recibo es el saludo de los chicos”
Para Loncón, el verdadero resultado de tantos años dentro del deporte no está solamente en partidos o campeonatos.
“Tuve la suerte de haber trabajado con ellos toda la vida y nunca tuve problemas. Lo que yo siempre digo es que lo que recibo hoy es el saludo de los chicos. En la calle me dicen ‘profe’, ‘Chueco, ¿cómo anda?’. Eso es lo mejor”, expresó.
También recordó que era exigente con los jóvenes que mostraban condiciones para avanzar.
“Si a los 17 años tenían condiciones para jugar en Primera, yo exigía que los pongan en Primera”, señaló.
Entre los futbolistas que pasaron por aquella etapa mencionó a varios nombres que, a su entender, tenían condiciones para haber llegado aún más lejos.
“Había jugadores rebeldes, en el buen sentido, que podían haber jugado tranquilamente en el fútbol profesional. Tenías que tener ese espíritu de decir: ‘Yo puedo jugar’”, explicó.
También jugador antes que entrenador
Antes de transformarse en técnico y formador, Loncón también tuvo su etapa como futbolista.
Jugaba como marcador de punta izquierda y recordó especialmente un cuadrangular disputado en Ushuaia por el aniversario de la ciudad.
“Jugamos con Ushuaia, Río Grande, Punta Arenas y Boxing de Río Gallegos, y tuvimos la suerte de salir campeones”, contó.
Aquellos años fueron también los de una Tierra del Fuego mucho más pequeña, donde los vínculos deportivos entre Río Grande, Ushuaia, Punta Arenas y Río Gallegos eran frecuentes.
Una ciudad que vio transformarse
La vida de José Loncón quedó atravesada por el crecimiento de Río Grande. Desde aquella llegada en 1964, cuando todavía era un adolescente, trabajó, formó su familia, desarrolló parte de su vida laboral en YPF durante 19 años y dedicó incontables horas al deporte local.
Con el paso del tiempo, aquel joven que llegó desde Calbuco terminó formando generaciones enteras de chicos riograndenses.
Y, entre tantos recuerdos, campeonatos y jugadores, Loncón vuelve siempre al mismo reconocimiento: el que aparece cuando camina por la ciudad y alguno de aquellos niños que entrenó décadas atrás todavía se acerca para decirle simplemente: “Hola, profe”.
(EN EL AUDIO LA ENTREVISTA COMPLETA)
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