Por Natalia Jañez – Directora de Prensa y Redacción
Hay medios que cuentan los hechos. Otros prefieren construir titulares destinados a captar la atención inmediata. Es parte de un modelo de negocio. No necesariamente del mejor periodismo.
En las últimas horas, algunos medios internacionales eligieron poner el foco sobre Lionel Messi y la Selección Argentina tras la final de la Copa del Mundo. No sorprende. Tampoco cambia demasiado.
Porque los titulares duran un día.
La historia permanece.
Lionel Messi no necesita que un diario extranjero explique quién es. Tampoco Argentina necesita la aprobación de ningún medio para valorar a una generación que volvió a llevar al país a una final del mundo.
España fue un gran campeón y merece el reconocimiento. Ganó dentro de la cancha y escribió su propia página en la historia del fútbol.
Argentina también merece el suyo.
Porque competir durante cuatro años al máximo nivel, alcanzar nuevamente la final de un Mundial y despedir a la generación más exitosa de su historia siendo protagonista es un logro que muy pocas selecciones pueden mostrar.
En el deporte se gana y se pierde. Lo verdaderamente importante es la forma en que se transitan ambos momentos.
Esta Selección enseñó a ganar con humildad y también a perder con dignidad. Reconoció al campeón, respetó al rival y dejó el campo de juego con la misma grandeza con la que tantas veces celebró una victoria.
Quizás allí radique la verdadera diferencia.
Mientras algunos escriben para el impacto inmediato, otros construyen una historia que seguirá siendo recordada cuando esos titulares ya formen parte del archivo.
Los diarios escribimos la primera versión de la historia. Pero es el tiempo quien decide cuáles de esas páginas merecen ser recordadas.
Y el tiempo ya habló.
Habló cuando Lionel Messi levantó la Copa del Mundo. Habló cuando esta generación conquistó América, volvió a disputar una final mundialista y dejó un legado que trasciende los resultados.
Porque la dimensión de los grandes no depende del titular de un día.
Depende de una trayectoria.
Y las trayectorias, a diferencia de los titulares, no se escriben con adjetivos.
Porque los titulares pasan.
La historia permanece.
Y la grandeza, tarde o temprano, siempre encuentra su lugar.
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