RIO GRANDE.- «La historia de Tierra del Fuego y la de su ganadería son inseparables», afirma al recordar que la llegada de las primeras majadas ovinas, a fines del siglo XIX, no solo dio origen a una actividad económica, sino también al poblamiento del norte fueguino y a una forma de vida basada en el trabajo y el arraigo.
Apolinaire recuerda que «nuestra querida Río Grande nació justamente como una colonia agrícola en 1921», una definición que resume el vínculo histórico entre la ciudad y la producción rural. A partir de allí, destaca el esfuerzo de quienes levantaron estancias, construyeron caminos, puentes, muelles y frigoríficos, generando empleo y sentando las bases del desarrollo económico de la provincia.
Lucila Apolinaire, presidente de la Asociación Rural de Tierra del Fuego.Para la dirigente rural, ese legado continúa vigente. Sostiene que la actividad agropecuaria sigue siendo estratégica porque produce alimentos, sostiene el arraigo rural y contribuye al ejercicio efectivo de la soberanía en un territorio de enorme valor geopolítico y ambiental.
Sin embargo, advierte que el sector enfrenta desafíos que requieren decisiones de largo plazo. Entre ellos menciona el impacto de los perros asilvestrados sobre la producción ovina y bovina, la expansión del castor, el avance de especies invasoras y la necesidad de fortalecer la sanidad animal, la investigación y la infraestructura rural.
En ese camino, considera indispensable una articulación permanente entre el Estado, las instituciones científicas y los productores. «Producción y conservación no son objetivos opuestos; por el contrario, se fortalecen cuando existe una visión compartida del desarrollo», sostiene.
En el 105° aniversario de Río Grande, Lucila Apolinaire invita a mirar hacia el futuro sin perder de vista las raíces. Para ella, el crecimiento de la ciudad también depende del fortalecimiento del campo. «Debemos mirar el futuro con responsabilidad, convencidos de que el desarrollo de Tierra del Fuego solo será posible si producción, conservación y comunidad avanzan de la mano. Porque cuidar el campo fueguino es también cuidar su historia, su identidad y las oportunidades para las generaciones que vendrán».
Frigorífico CAP
En 1916 se construye el puente colgante sobre el río Grande y da comienzo a la instalación del frigorífico sobre la margen sur. Este emprendimiento de la Compañía Frigorífica Argentina produjo una mayor afluencia de obreros y técnicos que posibilitaron el crecimiento poblacional y el comercio.
La planta -ubicada sobre la margen del río Grande, fue la instalación industrial más importante en su carácter erigida en la Isla Grande de Tierra del Fuego, inaugurada en 1917 por la Compañía Frigorífica Argentina, creada por los estancieros de la región, con el empuje pionero y visionario de la familia Menéndez. El establecimiento contribuyó fuertemente al desarrollo ganadero de la zona y se convirtió en el eje de la vida económica y social de Río Grande.
Mientras el frigorífico se explotó directamente por la compañía fundadora, desde 1918 a 1940, se realizaron sin interrupción 22 faenas, sacrificándose más de 5 millones 300 mil lanares.Contaba con un trencito de trocha angosta que transportaba fardos de cuero y lana desde la estancia Primera Argentina hasta el muelle. La locomotora arrastraba una decena de vagones descubiertos sobre rieles de trocha angosta.
El primer embarque de carne congelada con destino a Inglaterra se realizó en mayo de 1918 por los vapores Amadeo y Austral desde Río Grande y consistió en mil toneladas de un producto que mereció la calificación de excelente en el mercado europeo.
El 2 de febrero de 1999, el Decreto N° 6594/98 del registro de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación fue declarado como monumento histórico nacional.
El 25 de octubre de 2013, un segundo incendió dejó en ruinas el predio.
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