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20/09 2021

Por Néstor Schumacher.- En una nueva edición de “hacer leña del árbol caído”, siempre para desligar responsabilidades propias de falta de gestión, nos encontramos con el caso del Puerto de Ushuaia y la no resolución de lo que será la temporada de cruceros 2021/22.

Si bien allá por inicios de julio se anunció con bombos y platillos, y con la presencia de todos y todas, un protocolo sanitario para el turismo de cruceros, a 35 días del inicio de temporada todavía estamos en veremos. Ahora, con la noticia de la empresa naviera Silversea Cruises de movilizar su operación a Chile, ese peligro tangible de pérdida de mercado que anunciamos hace más de un mes parece volverse más real. Mientras tanto, el Presidente de la Dirección de Puertos, Roberto Murcia, le “tiró el muerto” a Nación, que hoy tiene unos cuantos problemas y ninguno tiene que ver con los cruceros.

Recapitulemos un poco. Hace algo de un mes, cuando Chile anunció su obra portuaria más importante en Punta Arenas, las autoridades nacionales minimizaron el tema hablando de un Piñera en “campaña”. Pasaron los días y llegó el anuncio de un nuevo emprendimiento logístico portuario en Puerto Williams, algo que también pasó desapercibido para muchos, con visión de túnel en esa carrera voraz por llegar a las PASO. Ahora, se suma la primer pérdida real de negocios para el puerto de Ushuaia y la mejor respuesta que obtenemos es que Nación no se define.

El tema lo desarrollamos en profundidad en artículos anteriores, pero vale la pena hacer un pequeño resumen de porque hay que estar atentos a esta inversión chilena. Primeramente, hay ventajas comparativas entre Chile y Argentina. Menos impuestos, mayor facilidad para la instalación de empresas, acceso a Tratados de Libre Comercio que abaratan la llegada de bienes y servicios de otros países (recordemos que Chile es uno de los países con más TLC en el mundo y miembro de la Alianza del Pacífico). Si a esto le sumamos mayor solidez institucional y reglas de juego claras, la ventaja de Ushuaia de dominio de mercado histórico no parece tan importante y sería casi lógico que le “comiesen” el mercado.

Que una empresa se retire de operar en el puerto de Ushuaia implica varias cosas: no sólo es la pérdida económica de las tasas, sino las actividades indirectas que derivan de la llegada de turistas. La carga de combustible, provisión de alimentos, reparaciones, mantenimientos, movimientos de carga, guardas de equipamiento son lo que trae el crucero consigo, pero de esos turistas que no bajan también se pierden compras en locales de souvenirs, gastronómicos, traslados de taxis y remises, excursiones y otras tantas que ahora irán a parar a Chile.

Roberto Murcia, presidente de la Dirección de Puertos, ante la réplica de la noticia en los medios locales, decidió hacer la fácil y desligarse responsabilidad, dejando todo en manos del Ejecutivo Nacional. Con la situación que transita el gobierno actual post-PASO, sería casi un milagro que alguien le replicase, aunque una tirada de orejas no estaría mal. No toda la culpa es de Murcia o de Nación: hay responsabilidades compartidas en no aprobar el protocolo y en minimizar una competencia directa como es Punta Arenas y Puerto Williams, que van a trabajar de forma complementaria. Esta falta de definición del gobierno argentino, en todos sus niveles, pone en peligro un ingreso importante para una ciudad que todavía está volviendo a acomodarse posterior al cimbronazo económico de la pandemia y, de seguir en esta línea, podría quedar aún más golpeada.

¿Qué pido yo? Hacerse cargo de las fallas comunicativas entre instituciones, planificar para que las empresas puedan tomar decisiones con tiempo y un poquito de sentido de urgencia. Si falta algo de un mes para la temporada y sabemos que estas empresas, que trabajan hace años el recorrido, valoran el poder planificar ¿No sería mejor tener alguna definición?

El 5 de julio, con la presencia del ministro de Turismo y Deportes de la Nación, Matías Lammens, el gobernador Gustavo Melella, la vicegobernadora Mónica Urquiza, el presidente del INFUETUR, Dante Querciali, representantes de cámaras de Turismo, Gastronómica, Comercio, agencias operadoras marítimas, miembros de IAATO y otros tantos funcionarios, se anunció la autorización a partir de octubre para los cruceros turísticos y antárticos, pero nunca se aprobó oficialmente. Con 35 días para comenzar la temporada, más que anuncios hacen falta definiciones y los que pierden en este “que si que no” son los que su sustento depende de la actividad turística.

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